Motivación

LA COLUMNA ETRUSCA es un blog en el que Venezia Lesseps reúne artículos literarios, ensayos y poemas de ella misma y de poetas amigos. Algunos de estos poetas, murieron hace años. Otros, hace siglos. Sin embargo, la mayoría viven, sienten, escriben y publican sus poemas. Se trata sobre todo de poetas vivos. Los mejores de la red sin duda (para V. Lesseps). Todos ellos, de alguna manera consagrados, con poéticas muy diversas, con inquietudes literarias diferentes, se han dado cita en el foro poético-literario Nueva Poesía del Siglo XXI y pertenen o han pertenecido al Grupo Poético EHEU!.

Esta es una antología de todos ellos.




ARTÍCULOS




A vueltas con la pausa versal




       Nota a mis lectores: a continuación os presento el siguiente artículo, tildado de “primario y chabacano”, por el representante de un foro “escuela” de poesía de Internet por el mero hecho de mantener criterios poéticos diferentes a la opinión del representante aludido que, dicho sea de paso, defiende la pausa versal como única “esencia y naturaleza del poema”. Por ello, se me “prohibió el paso” al foro en cuestión, es decir, se me banneó.
Juzgue el lector.

“... si fraccionáramos un recibo de la luz, a la manera de los versos, el resultado se podría llamar poema ...si compusiéramos versos con un texto cualquiera, una factura, un recibo, etc., podríamos obtener un poema. Esta deducción parte de que los versos lo son a pesar de su calidad.... Por lo tanto, si somos capaces de componer versos con el texto de un recibo de la luz, el resultado será un poema, puede ser un poema horripilante, pero será un poema...”

       Estas son frases textuales entresacadas de las opiniones escritas de tal representante y que dieron lugar a mi comentario en el citado foro y que ahora reproduzco a continuación:


ace algún tiempo, por esos foros de Dios se defendía y, por lo que leo, aún se sigue defendiendo, que el único “requisito” para escribir un poema era la existen-cia de la “pausa versal” (pausa a final del verso). Yo, como me sucedió entonces, sigo sin estar de acuerdo con esta afirmación. Apoyándome en la más exquisita libertad poética (que, por cierto, sólo encuentro en mi propio blog), quiero defender otro punto de vista. Así que en estas lineas que siguen voy a aclarar y tratar de fundamentar mis discrepancias. Te advierto, lector, que lo que sigue es un absoluto “ladrillo” sobre retórica poética...¡Allá tú, si sigues leyendo!
       Supongo que para entendernos todos, lo pri-mero que habría que hacer es definir el concepto de “poema”. Cosa que no es fácil. Por eso, recurriré a una definición neutra, la del DRAE: “Poema: obra poética normalmente en verso”. (Nótese el subrayado del adjetivo “poética”). Siendo importante la existencia de dicha “pausa versal” para poder entender este concepto, yo creo que a esa teoría que tan acaloradamente se defiende le falta al menos “un par de patas” para sostenerse.
       Como se dijo y escribió entonces, la teoría de la “pausa versal a machamartillo” como único “motor” del poema, nos llevaría a la absurdidad de convertir el listín telefónico o el recibo de la luz en un “poema”, como se viene admitiendo y alegremente aceptando por los defensores de esta teoría. Si es así, al albur de una pretendida “arquitectura de la página” resultará que si no se normaliza con los modernos métodos del “word” de nuestro ordenador el margen derecho de la pagina, todo lo que escribamos será “poema”, algo que se llega a afirmar hablando de “el Quijote”. Evidentemente, y a mi manera de ver las cosas, en esta “teoría” deben de faltar algunas y sobrar otras.
       Yo creo que todo esto gira alrededor de un estudio profundo de lo que llamamos “oralidad” de la escritura. La “oralidad” es lo que separa a la escritura de las otras bellas artes en las que la “plástica” no es el lenguaje o al menos, no es solamente el lenguaje. Y, concretamente, una profundización en el conocimiento de la oralidad de la poesía. Un tema en el que se ha gastado mucha tinta y no me cabe duda de que se seguirá gastando. Y es que es éste, precisamente, el intríngulis del asunto...
       La obligatoriedad de la “pausa versal” tanto en la declamación como en la lectura simple del poema y el hecho frecuente de que esta “pausa métrica” no coincida necesariamente con la na-tural “pausa sintáctica” lleva a lo que denomina-mos “segmentación o fragmentación del discurso” que es propio y característico de la poesía y que no existe, por cierto, en la prosa. Pero divinizar la pausa versal hasta convertirla en el único “motor” del poema, me parece, sinceramente, que es una exageración que nos lleva a lo del “listín tele-fónico”. Por tanto, algo más tiene que haber para llamarle a un escrito sincopado por pausas alea-torias, poema. Entre otras cosas, de lo se está hablando, es de la retórica del “encabalga-miento”, que aunque haya existido siempre es, ante todo, un recurso de la poesía moderna y del verso libre. La adecuación semántica e incluso sintáctica versal, que conocemos como esticomi-tia, aunque pueda existir y exista de hecho en el verso libre, ha desaparecido, en gran parte, en la poesía moderna y sobre todo en dicho verso libre e incluso, a veces, en el versículo.
       La “tipografía personalizada” del poema, (es decir, el corte Vd. por donde quiera) es una ca-racterística de este tipo de versos. Pero, además, el aditamento “no lingüístico” moderno de esta tipografía, como el visual, cinético, cromático y otros, no caben aquí y puesto que sólo pueden apreciarse en el poema “escrito” se escapan a la oralidad (tanto declamatoria como a la de la lectura íntima) y no estoy segura que tengan mucho que ver con la pausa versal.
       Obviando esta nueva recursiva poética y ciñéndonos exclusivamente al poema sin “efectos extralingüísticos” habría que considerar la proce-dencia o improcedencia estética del encabalga-miento como recurso estilístico y sobre todo su
valor estético y/o polisémico en relación con el aparente fracaso de la entonación que produce. Valor estético y/o polisémico que deben ser considerados a la hora de producirlo si no queremos convertirlo en puro artificio. Pero ese es otro tema que nos llevaría lejos. El encabalga-miento, cuya definición más consecuente es “el desajuste entre la pausa rítmica y la sintáctica”, buscado, como digo, frecuentemente por el verso-librismo aunque existiera y exista en todos los tipos de versificación, lo que pretende, en definitiva, es la desestructuración del canon, la fractura del discurso y más concretamente la fragmentación de la fluidez versal. ¿Cómo lo consigue? La moderna poesía en verso libre obvia el encabalgamiento clásico/lógico, sea del tipo “abrupto, suave, oracional, léxico o sirrémico, etc.” en favor de un “encabalgamiento quasi-continuo”. Es decir, opone la “entonación rítmi-ca” e incluso la “entonación lógico-semántica” a una entonación más próxima a una “entonación pseudocoloquial” o cercana a lo coloquial , alejada del ritmo acentual, melódico e incluso sintáctico, tratando de quebrar el “automatismo” de la lectura o recitación y proponiendo el “segmenta-rismo y fragmentación” como única pauta. Su principal mérito, quizá sea la “singularización” y refuerzo de ciertas frases que no existirían sin el encabalgamiento.
       O sea, el encabalgamiento quasi-continuo es parte de la retórica del verso libre. Pero en el verso libre, afortunadamente, hay otros usos retóricos.
       A mí me parece evidente que el listín telefónico (que presenta “pseudopausas versa-les”) no es un poema por mucho que se pretenda y creo que la falla de esta teoría es considerar únicamente el “formato” (es decir, la oralidad forzada por el autor o escritor) que se aprecia en la lectura simple, como definitorio de poema. El formato (o la forma) no deja de ser una parte de la estética y sólo eso. Y es por eso que podemos hablar también de “poema en prosa” (DRAE). Por tanto tiene que haber más.
       Conozco la inspirada frase de Gamoneda de que “forma y contenido son lo mismo en el poema”. O estética y esencia. Probablemente, Gamoneda esté en lo cierto, pero antes tenemos que escribir un poema para aplicarle este aserto.
       Se arguyó que la diferencia entre poema y prosa poética es precisamente la existencia de esa pausa versal. Pero ese argumento conlleva en si mismo la contradicción. Algo debe tener la “prosa poética” para no denominarla sencillamen-te “prosa”. Es ese “algo” el que hay que añadir a la “pausa versal” para escribir un poema. Si hemos de hacer caso al DRAE, hay que añadirle el contenido de ese adjetivo que el DRAE denomina “poética”. Y ese “algo” no es nada misterioso. Yo misma anoté hace tiempo que “ya es hora de separar a la poesía de su vieja raíz filosófica y casi-religiosa con que viene lastrada y reducirla al estudio del lenguaje”. Es decir, desentrañar las claves teóricas del lenguaje poético y en definitiva, aclarar definitivamente las claves retóricas de la poesía. Mientras no surja una teoría al respecto que resulte convincente...son imprescindibles, al menos, ciertas recurrencias fónicas, o semánticas y una cierta estructura sintáctica, además de otras cosas que no posee el “listín telefónico” para poderlo tildar de poema.
       Obviar toda retórica poética (o lenguaje poético) nos llevaría irremediablemente a la prosa por mucha “pausa versal” que utilicemos porque la “pausa versal”, como decimos (...y dice el DRAE...), no lo es todo y el “recibo de la luz” no es poema por mucha pausa versal que podamos encontrar en él. ¿Qué le falta a ese recibo para conseguirlo?...precisamente “la retórica poética” o el llamado lenguaje poético porque el del “recibo de la luz” es otro tipo de lenguaje al que viene llamándose “lenguaje técnico”, como éste que estoy utilizando yo en este escrito es “lenguaje metalingüístico”. Si a lo que nos referimos es a la coloquialidad y el prosaísmo como parte de la retórica poética del verso moderno, del versolibrismo, quiero recordar que también son retórica. Y una retórica estudiada y meditada hasta sus últimas consecuencias: frecuentemente una poesía de la transgresión, de lo cotidiano, con palabras “cotidianas” y un discurso “cercano” a la
coloquialidad. Lo que ha venido a llamarse “poesía de la mediocridad” y no tanto por la calidad del discurso sino por la búsqueda a todo trance de la banalidad del tema y cierta banalidad de la expresión poética que han preconizado ciertas escuelas. La otra falacia que se esgrimía para justificar “la poesía en el recibo de la luz” era considerarlo como poema pero con el epíteto de “mal poema”...Pero si la “pausa versal” lo es todo en el poema, (como afirma la teoría de la pausa versal), y por tanto justifica cualquier tipo de contenido o mensaje esencial en el mismo, (como asegura)...¿entonces, qué importa el con-tenido?...y si importa, eso conduce obligato-riamente a la existencia de un segundo “su-mando” para construir el poema: la “calidad retórica”. Yo creo que este último concepto, el de la “calidad retórica” y su confusión con el concepto de “calidad poética” es el que lleva a considerar “mal poema” lo que resulta ser un “no poema”. No voy a insistir en ese segundo sumando porque evidentemente yo opino que es el “lenguaje poético”.
       Concebido así, para que haya poema en verso, tienen que existir necesariamente al me-nos dos “sumandos”: pausa versal y lenguaje poético (poética, como dice el DRAE). Recapitulan-do, la pausa versal con una inadecuada o mala utilización de la retórica del mensaje dará como resultado un “mal poema”. Una adecuada retórica poética, sin pausa versal dará como resultado una “prosa poética o poema en prosa”. La pausa versal sin “contenido retórico poético alguno (ni bueno ni malo)” dará evidentemente un “no- poema”. Y yo me pregunto... ¿qué retórica poética podemos encontrar en el “recibo de la luz?. Sencillamente, lo que encontramos son pseudopausas versales con un lenguaje “técnico”.        Veamos este análisis a modo de ejemplo:

       Kilovatios contratados: 25
       Precio del kWh: 20 euros
       Potencia contratada: 50
       Consumo a cobrar: 500 euros.
       IVA aplicado 18.
       Total deducido de su c/c: 580 euros.


       …¿Es esto un poema?..., incluso, ¿un “mal poema”?. !Evidentemente...no, porque como dice el DRAE carece de cualquier contenido o lenguaje poético¡ Definitivamente, lo que propone el verso-librismo más rabioso es una crisis de la oralidad poética que debemos aceptar, pero tener claro que para que exista el poema, no basta sólo con la pausa versal. Es necesario un cierto “lenguaje poético”...cualquiera que éste sea. No sirve, por ejemplo, el “lenguaje técnico”. ¡el listín telefóni-co o el recibo de la luz...no son poemas!
       Y yo añado, finalmente, una tercera “pata”, más sutil y reconozco que más discutible y que tiene que ver con la calidad. Incluso usando pausa versal y un “cierto grado” de retórica del poe-ma...¿tendremos la certeza de que todo lo que se escribe en verso, con pretensión de poema, es un poema?. Dejo la pregunta abierta y que cada cual se la responda.
       En definitiva y concluyendo: la consecuencia moderna e inevitable del versolibrismo, es "la evolución desde el primitivo carácter oral de la poesía a su destino actual, la lectura privada y silenciosa...frecuentemente con una palpable recursiva “extralingúística”. De alguna manera esto conlleva a una cierta crisis de la oralidad y la consiguiente conversión de la poesía en un objeto destinado a la lectura privada y personal. Es decir, de alguna manera lleva a una cierta crisis de la pausa versal. O dicho de otro modo: cada día importa menos la pausa versal para ciertos poetas cuya producción es casi toda ella de “poesía en bloque” u otros formatos análogos. El versolibris-mo evoluciona definitivamente a nuevos formatos en los que importa menos la pausa versal. Por todo esto... ¿están justificadas afirmaciones tan rotundas y reduccionistas como las sostenidas por los defensores de la pausa versal como único motor del poema?
       Yo opino que no.
       Animo a quien desee dejar su opinión al respecto, lo haga aquí y anticipo que toda participación será publicada en este blog.
                                          Venezia Lesseps

COMENTARIO
A VUELTAS CON LA PAUSA VERSAL
Victor de Cerio


       Leo con fruición tu autorizada exposición sobre la pausa versal, estimada Venezia, y lo primero que me llama la atención es la curiosa “teoría”, que al parecer, circula por algún foro poético al uso, cuyo resumen es que “la pausa versal es el cuerpo y alma del poema”. He conocido esos espacios de Internet en que alguien se autoerige en jefe del lugar para investirse enseguida de la “autoridad” que necesita para convertir sus opiniones en teorías. Por eso, uno ya está acostumbrado a leer dislates y despropósitos en estos foros. Pero la teoría que motiva tu exposición es curiosa porque parece que se sustenta y se ofrece al aprendiz de poeta con solemnidad y alevosía (¡Oh amarga máscara amarilla,/ojos do luz siniestra brilla/y escenarios de pesadilla!). No puedo estar más de acuerdo con José Ángel Valente cuando habla en su poema “Arte de la poesía”:

              Implacable desprecio por el arte
              de la poesía como vómito inane
              del imberbe del alma
              que inflama su pasión desconsolada
              de vecinal nodriza con eólicas voces.
              Implacable desdén...
              por el viejo poeta que no sabe
              suicidarse a tiempo debajo de su mesa.


       ¡Ahora resulta que para el decimonónico, para el pajizo y el superfluo, el secreto del poema está en la pausa versal que, mire usted por donde, alegremente legitima como poema el listín telefónico o el recibo de la luz!
Dice el poeta dominicano José Alejandro Peña que “Un poema es un espacio en el tiempo de las palabras que no pueden las palabras ocupar por completo, un atentado contra el sentido que debe tener un poema para ser un poema y lograr que el atentado permanezca por cientos de años en la memoria del mundo como una bomba de tiempo que estallará al más leve respiro”. Esta exposición está más en la línea de la cuestión que dejas en el aire sobre si todo lo que se escribe en verso, con pretensión de poema, es o no un poema.
Tu alegato, Venecia, plenamente aclarado y justificado, será, sin embargo, una umbría luz para el ciego que se esfuerza en ver y para quien pontifica superficialmente sobre poesía. A éstos me permito aconsejarles una reflexión sobre la naturaleza humana: olvídense de las pausas y recréense con Hugo Hiriart en el enigma del soplo sutil.


COMENTARIO
A VUELTAS CON LA PAUSA VERSAL
Norberto de las Heras Peláez


       Conozco bien tus conocimientos sobre el tema, Venezia, y me resulta sorprendente e inaceptable que hayas sido baneada por expresar una opinión crítica a la expuesta por otro contertulio, sea cual fuere la "jefatura" que éste ostente en el foro al que te refieres. Yo siempre he creído que la finalidad de un foro de debate era la discusión poética bajo el dictamen de la razón, que no de la autoproclamada "autoridad". ¿Qué futuro ofrece un foro que no puede alimentarse del dinamismo que procura la enriquecedora discrepancia de los debates, que sólo aspira, por tanto, al monolítico dictamen impuesto, al seguidismo estéril de un pretendido líder "cargado de razón"?
       Me reservo para más adelante una entrada más extensa sobre el fondo del asunto y expreso aquí, por lo pronto, mi total rechazo a un foro de tales características. Te anticipo ya que tu diáfana exposición me convence completamente.Un abrazo, amiga.

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jueves, 7 de junio de 2007

El "vínculo" y la epistemología de la erótica




Querida amiga:
Aunque con algo de retraso, contesto a tu amable carta.
Al hilo de los acontecimientos y parafraseando a Giacomo da Philippo, que últimamente está prácticamente “missing” tengo que decirte, que para llegar lejos en cualquier actividad humana…esto es lo que en el siglo XV aconsejaba Niccolò di Bernardi dei Machiavelli: …”cuando se trata…de juzgar el interior de los hombres”… “lo que importa es allanar todas las dificultades para mantener la autoridad; y los medios, sean los que fueren, parecerán siempre honrosos y no faltará quien los alabe. Este mundo se compone de vulgo, el cual se lleva de la apariencia, y sólo atiende al éxito” y “el corto número de los que tienen un ingenio perspicaz no declara lo que percibe”
        Conocido aquí, y me refiero a España, más y mejor como Nicolás Maquiavelo que por su propia onomástica italiana, Machiavelli dedicó “El Príncipe” al duque Lorenzo de Urbino, como correspondía a aquella época cuajada de lameplatos o cepillatrajes y mecenas de pacotilla o mecenazgos de alcurnia que también los hubo. Sin embargo Maquiavelo, aparentemente bien conocido por los lectores del presente, ha sido tratado por la historia como un intrigante molesto para el poder, al que de alguna manera pervierte o descompone. Hoy por hoy la pregunta pertinente sería .¿Es realmente Maquiavelo un escritor renacentista conocido más allá de la anécdota?... o ¡tal vez el uso coloquial del adjetivo "maquiávelico" y el sustantivo "maquiavelismo" han terminado por destruir de alguna manera la verdadera esencia de su pensamiento!Claro que llegados al día de hoy, para el lector impenitente, no es lo mismo conocer a Maquiavelo pongo por caso, a través de la pluma y la sensibilidad poética de la aragonesa Magdalena Losada y sus “Criaturas Saturnianas” que por el “breve” que el Santo Oficio Romano dedicó a nuestro autor en 1559.
        Y es que por lo demás, el bueno de Maquiavelo, a fuer de un buen heterodoxo, fue un notable y seductor poeta que escribió poemas que escandalizaron a media Italia, haciendo a través de sus "coloquiales" versos, "inocentes" propuestas a las pacatas damas florentinas de la época. ¡Vamos, supuestamente y salvando las oportunas diferencias, algo así como un conspicuo representante del “neorrealismo”, "sucismo" o “realismo sucio” del siglo XVI a lo Raymond Carver!... Nada que ver, por supuesto, con el “realismo sucio” patrio y sus más notables cultivadores, el señor Roger Wolfe y el señor Karmelo Iribarren.
        Me dirás que se me ve como muy “out” con estas opiniones…¡y que como que nó!. Pero mujer, tú sabes que yo siempre busco la pertinencia a machamartillo –incluso a veces a contrapelo- y procuro no perderme por los vericuetos de la estética, y lo de las “margaritas” y lo de las “preceptivas” y demás “solfas”al uso, así que te pido mil perdones y ya veré de ser menos clásica y más literaria en otra ocasión.
        Creo querida, que Maquiavelo se refería obviamente al “poder político” pero presumo que su “Principe”, al día de hoy retrata mejor al trepa de oficina de "funcionariado", conocido como chupatintas, pelotas, robasillas o cuelgamedallas, que al doliente político de turno (advierto que esto es sólo un ejemplo para standarizar). Y al plumilla y a toda esa laya de asimilados de todo pelaje que pululan por doquier, también. Y al decir doquier, quiero decir donde quiera (para los avisados). Y cuando Maquiavelo refiere: “…este mundo se compone de vulgo… y sólo atiende al éxito…” añado yo: -al aparente éxito de este mundo de prisa y dorado cuché y cartoné, o sea, al éxito espurio y torpe de algún mandamás de lo que sea, que el caso es “mandar”, aunque ese/a mandamás se vea más bien venido a menos, si es que alguna vez lo estuvo a más-
        Y es que ahora se reclama que la desmedida afición o apego a esa dorada virtud, la del poder, termina convirtiéndose frecuentemente en un desorden interno más cercano a la epistemología de “la erótica” (y perdona que me ponga trascendente ahora, aunque lo del sexo sea intrascendente) que al de la exuberante emotividad de la soberbia o de la avaricia, que de todo hay. Nota, querida, que no hago mención de su calidad ética o moral, es decir, no los añado al repleto registro de pecados capitales, ni virtudes teologales de la cosa, sino únicamente a la nómina de pésimas cualidades humanas. La tan manida frase: “la erótica del poder”, obtiene entonces todo el rédito de su tan traído y llevado significado. Pues eso amiga. Yo creo que el “tocar poder” tiene todos los aditamentos no digo ya de un buen reclamo erótico, que sí; y si yo fuera más moderna diría que de un “buen orgasmo” porque por si no lo habías sospechado ya desde el principio, te advierto que me estoy refiriendo al “poder real”, sin especificar sexos... (O como se dice ahora "géneros" tratando deliberadamente de confundir la genitalidad con la gramática)
        Claro que una no es nada original, que eso ya lo sabes tú y no es necesario que me lo recuerdes, maja, y esta idea de que el poder está más cercano a la erótica y al erotismo que a cualquier otra emoción humana ya entre otros lo postuló (perdona el verbazo) nada menos que el anatematizado Giordano Bruno -otro heterodoxo- (¡anatema sit!...o como se decía entonces "¡permita dios que se le caigan los ojos!"). Tratándose de Renacimiento, -y otras cosas- no hay como los italianos, querida. O eso dicen.
        Pues es el caso que G. Bruno, en su “de Vinculis in genere” (laxamente traducido por “de los Vínculos en general”) dice que el desmedido afán de liderazgo, que no deja de ser sino una perversión del poder, es eso -ni más ni menos; un sustituto del placer erótico- ¡Vamos, pura feromona, que fuerte!Te lo aclaro: Le Bon ya lo sospechaba cuando escribió “Psicología de las masas” y Freud “Psicología de las masas y análisis del yo” pero G. Bruno da las pautas para el manejo o manipulación (vínculum) eficaz del grupo humano quinientos años antes de que teorizaran estos escritores. ¡Qué puntazo, amiga!Esto dice el profesor Culianu de la filosofía de G. Bruno:…” El hombre creado por la naturaleza como un ser que "desea" e intenta hallar satisfacción y completitud fuera de sí mismo, está en el centro de la obra de Giordano Bruno. El deseo humano es de naturaleza conectiva, busca la unión, es por lo tanto primariamente erótico -en el significado más espiritual y abarcador de la palabra- y puede abarcar tanto los elementos instintivos como las contemplaciones místicas”…
        La idea bruniana postula el crear la ilusión en la masa o grupo, de que el líder ofrece total y desinteresadamente la “unicuique suum” de Justiniano, o sea “lo que a él le corresponde, lo que merece”. (O como diría un castizo…” ¡lo que me corresponda, porque yo lo valgo!”) difícil y sutil operación que requiere conectar -o aparentar conectar- con los deseos del manipulado y “vincularlo” al grupo. Esta ilusión debe ser perfecta. La devoción por el líder (devotio magistri) debe resultar -o aparentar ser- individualmente placentera y gratificante para el devoto.
        Y sigue comentando Giordano Bruno en su “de Vinculis in genere”:«Todos los afectos y “vínculos de la voluntad” se reducen y se refieren a dos: la repugnancia y el deseo, o el odio y el amor. Sin embargo, el odio se reduce él mismo al amor, y por ello resulta que el único vínculo de voluntad es el eros. Está demostrado que todos los otros afectos que una persona puede sentir sólo son, tanto formalmente como fundamental y originalmente, amor. Por ejemplo, la envidia es amor de alguien por sí mismo, y no soporta ni la superioridad ni la igualdad del otro; el mismo principio se aplica a la emulación. La indignación es amor por la virtud [ ... ]; el pudor y el miedo… no son más que amor por la honestidad y por lo que da miedo” y lo mismo “se puede decir…para los otros afectos”
        Querida amiga.
        Finalizo. ¡Que más decirte! Que espero haberte ayudado en esa tu interminable y creo que inútil búsqueda de “lo absoluto” – o como tu dices, de La Verdad-. Visto lo visto, querida, y después de todo lo dicho, lo que creo es que la libertad individual, no es un don gratuito, es un privilegio de una inteligencia superior. Estoy segura que tú y yo seguiremos tan asilvestradas e indómitas como el “correcaminos” o el "martínpescador". La libertad y la imaginación al poder, ¿no era ese grito… amiga? De todos modos, y coincido contigo, tengo la absoluta seguridad de que tanto Maquievelo como Bruno inventaron sus repectivas fórmulas para el "poder-poder" nada que ver con su aplicación a las "actuales chapuzas de poca monta" Dejemos en paz la filosofía del “tottus tuus” y otro día discutiremos de la esencia íntima del “tottum revolutum”…si llega a merecer la pena, claro.
Un abrazo y hasta la próxima.
Venezia Lesseps
Nota. Foto del encabezamiento: Giordano Bruno

4 comentarios:

nomecentro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
V.Lesseps dijo...

Amigo, gracias por el comentario, plenamente aclaratorio.

Venezialesseps

nomecentro dijo...

El poderoso de hoy incluso procura adquirir las cualidades seductoras que cree imprescidibles para el logro de sus fines. Pero describir el proceso desde el erotismo no sirve para avanzar mucho en las explicaciones de los fenómenos porque confunde demasiado el tipo de deseos básicos en juego.

V.Lesseps dijo...

Querido amigo.
Probablemente, tengas toda la razón. Pero fíjate que el artículo trata el poder desde el punto de vista del “liderazgo menor”. De todos modos, esta es la opinión de Giordano Bruno. Si tiene o no tiene razón, es opinable, pero en la universidad de Oxford, se está diseñando un método de apoyo, para candidatos políticos, en base a esa doctrina Bruniana, cosa que por cierto yo había proyectado alguna universidad rusa hace algunos años.
Amigo, te agradezco sobremanera tu interés por este tema

Venezia

The War Lord

The War Lord
"Este sonido triste que solloza es mi espada romántica que piensa. Mi corazón oscuro la acompaña" ("Rósemary" Bronwyn)- J.E. Cirlot

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